Gastronomía

La gastronomía teocelense de nuestros días evidencia la arraigada presencia de las culturas nativas asentadas en estas fértiles tierras desde la época prehispánica.

Al igual que hace quinientos años, los teocelanos de hoy aún consumen la famosa “salsa de sicas”, elaborada con hormigas gigantes que escapan de sus nidos en mayo y junio, tapizando calles y patios al amanecer. Estas singulares hormigas, llamadas “sicas” (o “chicantanas” en Coatepec y “chicatanas” en Huatusco) se descabezan y se les quitan las alas, se tuestan en comal al fuego, se muelen en molcajete de piedra con ajo, sal y un puñado de chiltepines o “chiles congos” verdes (extremadamente picantes) y se come con tortillas calientes recién hechas a mano.

En temporada, se cosechan los pétalos de iquimite o “gasparitos”, que son unas vainas de un color rojo muy vistoso a las que se quitan los pistilos y se cuecen con agua; luego, se revuelven con huevo batido, trocitos de chile jalapeño verde y cebolla picada, y se fríen en aceite bien caliente, obteniéndose así las jugosas “tortas de gasparitos”, que se comen con arroz y tortillas recién hechas. Los gasparitos cocidos también se usan para enriquecer los chilatoles rojos de res, cerdo o gallina.

En abril y mayo florecen los izotes, produciendo grandes y vistosos racimos de blancas flores de “palmitos”, que, al igual que los gasparitos, se cuecen y se preparan con huevo revuelto, en tortitas fritas o en chilatoles variados.

Otra flor muy consumida son los amarillos pétalos de “quiebracha”, árbol de sombra para los cafetos, cocidos con huevo o en tortitas fritas.

Té de cidra: el cidrero, otrora abundante en los campos de Teocelo y actualmente en peligro de extinción, produce un singular fruto cítrico llamado cidra, no comestible, cuya fragante cáscara y astringente jugo se cocían con agua y ramas de canela para obtener el preciadísimo té de cidra, verdadero tesoro de nuestras abuelas.

Refresco de zarzaparrilla: de tradición centenaria, la raíz de zarzaparrilla comenzó a producirse artesanalmente en gran escala a fines del siglo XIX por la familia Muñoz mediante una receta secreta que fue heredada a los descendientes de don Daniel Flores, y constituye hoy un apreciado tesoro gastronómico de los teocelanos.

Vino de naranja: es el producto emblemático por excelencia de Teocelo. Comenzó a ser producido comercialmente, mediante método artesanal, por las familias Muñoz y Vanda a finales del siglo antepasado. Actualmente, las familias Flores Saavedra y Mora Segura continúan produciéndolo siguiendo la tradición del riguroso añejamiento en barricas de madera noble.

Vino de pomelo. Verdadera gloria de la gastronomía mexicana, el vino de pomelo es producido artesanalmente por la familia Flores Saavedra y constituye una auténtica carta de presentación del abolengo cultural del legendario Teocelo de Díaz.